lunes, 26 de agosto de 2013

Santiago.



En el año 812 se descubrieron las reliquias del Apóstol Santiago, a partir de ahí se extiende por toda la cristiandad la peregrinación a Santiago de Compostela, siendo un efecto llamada los milagros y curaciones que se le atribuyen a los restos del Apóstol; en 1908 el Papa Juan XXIII realiza el camino como un peregrino más, en agosto de 2013 cincuenta y cinco peregrinos salen de Salvaleón y llegan a Sarria (Lugo) una fresca mañana del 5 de agosto; ¿Cómo se encontraron? el azar o fue el destino, el caso fue que cuando nos subimos al autobús ya no éramos tan distintos, unos éramos conocidos, familiares o amigos, pero durante la noche en la que compartimos risas, el poco espacio, el aire, el sueño, el temor a lo desconocido, nos fuimos uniendo y al final el cansancio nos envolvió y nos fuimos quedando dormidos.
El despertar fue suave y de un verde intenso, mis ojos protestaban acostumbrados al amarillo fuego ¡Cuánta gente! Mi mente volaba, galopaba, se tensaba, quería retenerlo todo, saborearlo, hacerlo trocitos, coger el pincel y dibujar ese cuadro que de niño quise hacer, acariciar esa guitarra que siempre quise tocar, volar con mi caballo alado, correr hasta quedarme sin fuerzas, dormir, llorar, sentir esa caricia y el beso tierno que me arrullaron de pequeño, soñar.
Los días iban pasando, de prisa, despacio, sin enterarnos, llenándonos, mojándonos, uniéndonos, cantando y de pronto SANTIAGO, imponente, mágico; al llegar al casco antiguo, con sus losas tantas veces pisadas, sus iglesia, sus posadas, sus fuentes, de pronto lo vi claro, por cada rincón, por cada esquina, por cada piedra que rozaba mis manos, vi mendigos, caballeros, enamorados, risas, llantos, venganzas y asesinatos, tiros y espadas en alto, duelos por alguna afrenta y peregrinos andando y allí estaba esperándonos LA CATEDRAL, inmensa, sublime, todos nos quedamos como embobados, mirando sus herrajes, escaleras, estatuas incrustadas, sus adornos y bolardos, queríamos inmortalizarlo, ¡cuántas fotos! Todos juntos o por separado y llegó la hora que todos estábamos esperando, 19:30 h. LA MISA DEL PEREGRINO, entramos en la catedral por grupos o por separado, si por fuera nos impactó, por dentro fue la armonía, los frescos, las estatuas, la grandeza ¿cómo el ser humano puede hacer algo tan hermoso?, mis ojos amenazaban con salirse de sus orbitas, con recorrer palmo a palmo, metro a metro tanta historia, no se cabía, habría sobre unas 3000 personas y de repente el deán de la catedral anunció “nos acompañan 55 peregrinos de la ASOCIACIÓN DE SENDERISMO EL ENCINAR DE SALVALEÓN” me estremecí, aquellas palabras retumbaron, brincaron en la inmensa cúpula, se unieron, se mezclaron y se incrustaron en cada piedra, en la pintura, en los oídos de todos los que allí estábamos, en mi cabeza, en mis ojos, en mis labios y sentí paz, calma y mis músculos se relajaron, desapareció el cansancio y mecido por una voz tierna, suave, armoniosa de una monja, la melodía más bella que jamás había escuchado y de repente el BOTAFUMEIRO, cogió su vuelo, primero lento, pausado, en silencio, repartiendo el incienso, perdonándonos y dándonos otra oportunidad para ser mejores personas y con suaves golpes, cabalgaba volando sobre nuestras cabezas hasta rozar el techo, la gente lloraba, rezaba, temblaban, por haber cumplido su promesa.
Aprovechando la misa, me escapé, me adentré en el laberinto de capillas y de una de ellas robé esta frase que creo que era de SAN CALIXTO: “La peregrinación relacionaba y unía entre si a aquellas gentes que siglo tras siglo convencidos por la predicación de los testigos de Cristo abrazaban el evangelio” y abracé como es tradición la estatua de plata del Santo, bajé a la cripta donde estaban sus restos y tiré mi papel en el que escribí mis deseos, lo vi rodar y caer al lado de la urna con sus restos, espero que al acabar todo y cerrarse las puertas, en el silencio de la noche cuando todos los que allí descansan despierten de su sueño eterno, el santo alargue su mano y recoja y lea mi papel, y con ello se cumplan mis deseos.
Por último mi agradecimiento a todos, pero especialmente con los que he compartido más tiempo, Emilio, Gabriel, David y Carmen; a Mª Teresa por su alegría haciéndonos el camino más ameno, a Pilar por su ayuda en un momento de aprieto a Teresa Lorido por cuidar de nosotros, a Pepe el chofer, por su amabilidad y ayuda, en hora buena a Carmen Cuenda por su esfuerzo, a José García Rico y Dani, ejemplo de armonía, a Carmen, mi vecina por sus pasos cortos pero firmes, a los que cayeron enfermos, Juana, Kika, Emilia y María que acabaron el camino, a los demás miembros de la Junta Directiva Diego, Antonio y José por su trabajo.
Si se da la oportunidad, volveremos y si no, BUEN CAMINO A TODOS
Manuel Espinosa

Fotografía de Conrado R. del Cosso
 


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